El mundo de los sueños

dreams

Per Beatriz Rodríguez, Miryam Sánchez y Julia Soler, 1r BTX

Cada noche de nuestras vidas, cuando dormimos, experimentamos un estado de conciencia en el que proyectamos a través de nuestra mente un universo nuevo. Se trata del universo onírico, el mundo de los sueños. En ocasiones los sueños nos parecen tan reales que al despertar no estamos seguros de si fue sólo un sueño o si ha ocurrido en realidad. Y aquí llega la gran cuestión ¿cuál de las dos realidades es la real?

Esta es una gran paradoja, una pregunta que infringe nuestro sentido común. El hecho de que los sueños puedan ser considerados una realidad y la realidad un conjunto de nuestras percepciones, nos puede suponer una contradicción. Vivimos la vida como en un sueño: a veces disfrutando de los placeres y a veces sufriendo. Tanto una cosa como la otra dependen de nuestra proyección mental, de nuestra forma de conocernos, conocer el mundo y relacionarnos con él. El conocimiento en este sentido lo cambia todo. Igual que al despertar de un sueño, nos damos cuenta de que sólo fue un sueño.

Al final nada es real. A lo que llamamos realidad es a nuestra percepción de ésta. Los sueños, que creemos imaginarios, no son más que parte de lo que nuestro subconsciente piensa cuando estamos despiertos: aquello que nos preocupa, que nos importa realmente. No se trata de adivinar cuál es más real. Debemos tratar de darnos cuenta que vivimos en una realidad, donde no todo es lo que parece, todo depende de nuestra forma de verlo todo, de nuestra percepción. Tratar de entender que los sueños, aquellos que decimos que no son reales, son verdaderamente producto de nuestro subconsciente y, por lo tanto, tan reales como cualquier objeto material.

En primer lugar, decimos que la realidad se basa en nuestra percepción, es decir en nuestra manera propia de ver o sentir una realidad objetiva. Los humanos solo sabemos o creemos eso que hemos visto o aquello que nos han inculcado a lo largo de años, o aquello que es una suma de ambas cosas. Podemos hablar de la alegoría de la caverna, una historia escrita por Platón. Éste narra como unos prisioneros han estado toda su vida encadenados dentro de una cueva, mirando hacia una pared, sin poder girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al exterior. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver. Un día se suelta uno de los prisioneros que va a ver el mundo de fuera. Emocionado, va a contarle a los otros prisioneros como es el mundo de fuera, aunque los demás no le creen y lo tachan de loco. Aquí la realidad es objetiva: hay un mundo más allá de las sombras. Aún así la percepción de los distintos prisioneros es distinta. El que ha visto el mundo exterior lo percibirá como algo real, los demás los percibirán como un delirio. Son percepciones diferentes, de un mismo hecho real.

En segundo lugar, tenemos los sueños, el reflejo de la realidad de nuestro subconsciente más real. El subconsciente es donde se almacenan todas las cosas que nuestra mente no considera necesarias para pensar plenamente en ellas. Suelen esconderse pensamientos y memorias que ignoramos en nuestro día a día. Los sueños, en cambio, son un canal directo des del subconsciente. Los sueños siempre tienen algo directamente conectado a nuestros pensamientos. Por ejemplo, sueño que veo a un amigo que hace mucho tiempo que no he visto y hablamos. Al despedirnos nos damos un abrazo y nos vamos cada uno por su lado. Diríamos que lo real es el hecho de haber soñado y los motivos que tal vez me hayan llevado a soñar esto: justo hace un par de días vi a alguien que me recordó a este amigo y estuve pensando en él. Lo que no es real es el encuentro con este amigo, ya que sólo ha ocurrido en mi mente.

En conclusión, conocer es ante todo conciencia, darse cuenta, observar... Es necesario darse cuenta de que la vida es como un sueño, en el sentido de que todo aquello que vemos tiene que ver con nuestra realidad actual y pasada, o dicho de otra manera, con cómo nos han criado para llegar a la percepción del mundo que tenemos. Esto nos permite vivir observando la vida: todo lo que va y viene, todo lo que aparece y desaparece. Nos permite, entender que los sueños, son el espejo del subconsciente, que son el dibujo de nuestros pensamientos más ocultos, de nuestro verdadero yo. Si aprendemos a mirar la vida como un sueño y a analizar los sueños para darles uso en la vida, podremos movernos con plena libertad en el sueño de nuestra vida. Al fin y al cabo, ¿es necesario dibujar una línea exacta que separe el sueño de la realidad?

Abril 2018

 Institut Juan Manuel Zafra

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