Ovejas

ovejas
Per Oriol Sala, 2n ESO
Concurs literari: 1r Premi Prosa, Categoria D

Lunes. Un deprimente y triste lunes. El despertador suena estridentemente, me revuelvo entre las sábanas y me levanto torpemente hacia la ducha. Me meto en la bañera y muevo la palanquilla para que el agua, demasiado fría, brote del aspersor y me corra por la nuca. Poco a poco el agua se va calentando, y va formando una nube de vapor que va subiendo para finalmente escabullirse entre las cortinas. Medio dormido me visto con la ropa que me preparé ayer. Camino hacia mi habitación para coger la mochila y prepararme todos los libros que necesitaré hoy, con la ayuda de la agenda, porque el recuerdo de la noche aún es presente. Cargo mi pesado equipaje en mi espalda y camino con un paso lento hacia la puerta. Bajo con el ascensor con la cabeza apoyada en el espejo que cada día me recuerda mi existencia, y a veces, al ver mi reflejo, mi repetitiva y monótona existencia.

Camino hacia el autobús con pasos lentos. Voy en el autobús con la cabeza apoyada en el cristal. Un cristal que vuelve a recordarme mi existencia. Un reflejo que me recuerda mi repetitiva y monótona existència.

Llego al instituto que se alza imponente ante mí. Me sonríe diabólicamente. Entro por la puerta que separa dos mundos. El pasillo, a medida que camino se alarga. Cuando por fin llega el final, allí está, la valla y dentro, las ovejas y el pastor. El ganado que sigue al de delante y el de delante al pastor. Sin que nadie se cuestione el camino.

Me siento, saco la libreta y el libro esperando al profesor. Como siempre nadie me saluda. El profesor entra haciendo chirriar la puerta. Vestido con una camisa, trajeado, una pequeña manta de autoridad. Los otros alumnos sacan su material dispuestos a escuchar al menos por veinte minutos la voz mecánica del profesor y copiar sus palabras sin comprenderlas, con el único objetivo de aprobar y pasar de curso.

Tras largas explicaciones del profesor, marcha con pasos ansiosos de jubilación para dejar espacio a otros pasos que se acercan lentamente haciendo sonar la goma de la suela de sus zapatos hacia su trono acolchado, la única silla cómoda de la clase. Explica sin responder a ninguna pregunta.

Seis horas preso y media de semilibertad después, soy libre. Voy a casa. Me duermo entre deberes y estrés. Medio muerto.

Martes. Vuelvo a despertarme con el horrible chillido del despertador. Me froto los ojos y me levanto para vestirme y prepararme la mochila. Cojo el autobús y con el tacto del papel me aislo en un mundo de fantasía para olvidar las miserias de este cruel mundo. El profesor entra por la puerta con esa sonrisa tan real y nos saluda a todos. Sacamos los cuadernos y los libros. Preparados para tomar los interminables apuntes. Pero de repente, un compañero se levanta, solemnemente, y con voz alzada dice “ Ya estoy harto de hacer lo mismo, de venir sólo para hacer. Queremos venir para aprender.” Gritos. El profesor mira a toda la clase con las cejas arqueadas. Más gritos. Castigo. Silenciación.

Miércoles. El profesor, al entrar a clase, muestra una leve sonrisa. Lo sé. Algo va a cambiar. Silencio. Cambio.

Maig 2017

 Institut Juan Manuel Zafra

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